El panorama político y económico de Venezuela nos recuerda la parábola de José,  cuando Faraón le pidió que interpretara su sueño, en el que siete vacas flacas y feas devoraban a siete vacas gordas y hermosas. Éste predijo siete años de abundancia, a los que seguirían siete años de hambruna, por lo cual recomendó almacenar el trigo cultivado durante los años buenos. El faraón siguió el consejo de José y reinó en el antiguo Egipto durante lo que actualmente llamaríamos un largo período de estabilidad económica y política.

No sabemos si Nicolás tuvo algún sueño parecido al de Faraón cuando le habló a las vacas sobre su constituyente y consultó con los asesores comunistas, quienes han estado interpretando la realidad de Venezuela en los últimos tiempos.  Muchas personas piensan que las vacas le recuerdan al Presidente la sátira política usada en algunos países desde hace muchos años. Tú tienes dos vacas, es la frase inicial para una serie de bromas sobre política.
Los comunistas europeos utilizaron las vacas de esta manera: el Estado se lleva las dos y te da algo de leche. En el capitalismo donde están las más hermosas y gordas, vendes una y compras un toro. Tu rebaño se multiplica y la economía crece. Las vendes y no necesitas ponerte en una cola para comprar comida, tienes medicinas en abundancia, hospitales en buen estado, no aspiras un salario mínimo ni una pensión de hambre, luego te retiras y vives bien. En el comunismo de los hermanos Castro tienes dos vacas, el gobierno te las quita y te pone a cuidarlas. No tienes con que alimentarlas y las pobres desnutridas solo dan un vaso de leche pero el gobierno dice que producen más que en cualquier parte del mundo.

Necesitamos de nuestros sueños para vivir. Seguimos soñando con el regreso de las vacas gordas y hermosas. Esta magnífica verdad es un descubrimiento de nuestro tiempo, pero deja intacto el secreto de esa extraña vida en la que el alma se mueve durante un tercio de nuestra experiencia terrena. Los pueblos de la Edad Media no los ocultaban y se dejaban dirigir por ellos cuando los creían venidos de lo alto, pero, para nosotros, esta imaginería fantasmal es como una serie de recuerdos de un viaje hecho por un irresponsable y rechazamos el testimonio de un viajero que no es guiado por la Razón.

Una vez el Papa Inocencio III contemplando a San Francisco de Asís, recordó un sueño que había tenido. Se vio durmiendo en su cama, con la tiara en la cabeza, y la basílica de Letrán a punto de derrumbarse. Felizmente, un monje, con aspecto de mendigo, apoyó su hombro en ella, la sostuvo e impidió su caída. Ahora el Papa reconoció al mendigo: era San Francisco de Asís. Maduro sueña y delira con su constituyente. ¿Serán capaces sus asesores de advertirle que tenga cuidado con la  Basílica de Letrán?

*Coordinador Nacional de IPP-Gente

@alvareznv

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